Nunca he sido amante de los espejos, por no decir que existe una repulsión mutua… De ahí nació mi amor por la fotografía, pues era el único medio por el cual podía saber como era exteriormente, y también podía guardar para siempre las cosas importantes de mi vida, que extrañamente no eran personas; más bien odiaba las fotografías en las que bellos paisajes que eran empobrecidos por personas, aunque claro, excepcionalmente yo era la única persona incapaz de arruinar paisajes, y es que a pesar de estar más muerta que una roca, era una viva persona después de todo, y además fea…, sin embargo, en mis autorretratos lucía un poco diferente, más bien inexplicablemente interesante, pero únicamente en los míos, por lo cual evitaba ser fotografiada por artistas de grandes masas.
Aquella mañana fue especial, llevaba varios días sin dormir más de veinte minutos continuos, pero para ese entonces el solo hecho de quejarme de aquella situación estaba más que prohibido… Los ojos me comenzaron a arder como si se estuviesen chamuscando por la impotencia de no poder cerrarse por un largo tiempo; no lo pensé siquiera una vez, y me apresuré al baño, descubrí el espejo en el que aguardaba alguien que esperaba ansiosamente el día de verme a los ojos. Y así sucedió, nos vimos a los ojos al fin, aunque los míos estaban más que cansados, los de aquella mirada eran tan brillantes, que no podía dejar de verlos…, su mirada era tan extraña que recordé mis fotografías y lo mucho que odiaba los espejos, así que traté inútilmente de alejarme. Estaba dispuesta a adorar aquellos ojos por siempre; si alguna vez pudiese contemplar los Irracionales ojos de Pi, estoy segura que serían como aquellos, tan especiales, aunque por mucho, más enigmáticos. En cambio, mis ojos, eran tan simples, que seguramente nadie los había mirado con detenimiento, ni siquiera yo, y es que en el universo complejo, tener los ojos naturales era algo insignificante para mí, y seguramente para todos, aunque ¿quién asegura que serían naturales por siempre?, quizá los ojos evolucionan, y los míos no tardarían demasiado en convertirse en complejos, tal vez faltaba poco para tener aquella parte ‘imaginaria’ que me haría tan misteriosa, y gracias a lo cual temblaría un poco menos si algún día me encontrara con el irracional Pi.
Hace ya casi un año de aquel suceso, y no había dejado de pensar una sola mañana en la naturaleza de mis ojos, y en lo mucho que ambiciono tener ojos complejos, aunque tal vez me conformara con unos irracionales, y es que hoy al fin supe que esos ojos que miré aquella mañana en el espejo fueron los de uno de ellos: 2.7182…, y los míos, eran tan solo dos.
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